Elizabeth Fulhame. Fotografía antes de la fotografía

Yo, Madame L., he pasado la última semana investigando sobre la fotografía, ya que mis amigas inglesas me han asegurado que saber sobre el tema está de moda (y la mujer de un diplomático francés no puede permitirse estar fuera de la moda, queridos). Así, después de leer cosas sobre los señores Daguerre, Niepce y Talbot, decidí ir un poco más atrás en el tiempo, al origen de todo ello: los experimentos químicos sobre sustancias sensibles a la luz. Y entre los muchos nombres de señores ilustres que encontré, apareció también (oh, sorpresa) el de una mujer.

Se trata de la escocesa Mrs. Elizabeth Fulhame, esposa de Thomas Fulhame, médico en Edimburgo. De  ella que no se conocen las fechas de nacimiento ni de muerte, pero sí sabemos que publicó en 1794 un libro titulado An Essay on Combustion with a View to a New Art of Dying and Painting, wherein the Phlogistic and Antiphlogistic Hypotheses are Proved Erroneous. En él partía de la base de las teorías del químico Lavoisier para demostrar que el procedimiento químico de la combustión tiene lugar gracias a la reacción de ciertos elementos con el oxígeno, y no porque éstos liberasen una sustancia llamada flogisto, como pensaba gran parte de los científicos ingleses. Pero los experimentos que Mrs. Fulhame cuenta en su libro muestran que ya anticipaba otros procedimientos como la catálisis, unos 40 años antes de que Jakob Berzelius  la descubriera, y también estudiaba las reacciones de las sales de plata ante la luz, 10 años antes de la invención de la fotografía.

Las investigaciones de Elizabeth se realizaron con un objetivo concreto: el de conseguir teñir telas con diferentes metales (oro, plata, etc.) a través de procedimientos químicos, y se desarrollaron a pesar de la desaprobación de su marido:

“The possibility of making cloths of gold, silver, and other metals, by chymical processes, occurred to me in the year 1780: the project being mentioned to Doctor Fulhame, and some friends, was deemed improbable. However, after some time, I had the satisfaction of realizing the idea, in some degree, by experiment.”

En su libro describe 146 experimentos, de los que nos interesan especialmente los que aparecen en el capítulo VIII, dedicado a la acción de la luz en los metales. Pongamos como ejemplo el nº 7:

“Una pieza de seda, que se sumergió en solución de nitrato de plata en agua, se secó mediante un calor suave, y se expuso a la luz del sol  tanto como fuera posible  en la ventana de una cámara desde el 20 de julio al 20 de octubre.
En menos de una hora, la seda ha adquirido un color marrón rojizo. Al día siguiente, el color se hizo más intenso incrementándose gradualmente, hasta que en el tercer día, se produce un borde negro que aumentó lentamente; en parte  se convirtió en gris, pudiendo distinguirse unas pequeñas partículas de plata reducida. Al final, el tinte negro desapareció gradualmente, y la seda tomó  un color marrón rojizo, mientras que  la plata reducida tenía un tono gris.

Los siguientes experimentos que demuestran que  los cambios de color y las escasas partículas de plata semireducidas, dependían de agua atraída desde la atmósfera.”

Como vemos, el efecto conseguido sigue un principio similar a la formación de las primeras imágenes fotográficas gracias a emulsiones de sales de plata expuestas a la luz.

Elizabeth estaba al tanto de las teorías de varios de los químicos más prestigiosos de la Europa del momento, como Priestley, Kirwan, Scheele y Lavoisier, y su libro fue traducido al alemán un año después de su publicación. Sus teorías causaron controversias dentro de la comunidad científica, e incluso fue acusada por un científico irlandés, Higgins, de robar sus ideas. Sin embargo muchos otros la apoyaron, como el físico  Benjamin Thomson, que alabó sus experimentos y la minuciosidad de su trabajo. Además, en 1810 Mrs. Fulhame fue nombrada Miembro Honorario de la Sociedad Química de Filadelfia, algo extraordinario para una mujer de la época. Sin embargo, hoy en día su trabajo ha ido cayendo progresivamente en el olvido (imaginad dentro de, pongamos, un par de siglos: ¿recordará alguien a Elizabeth Fulhame?)

Más sobre Elizabeth Fulhame:

En la National Library of Scotland.

Fulhame, Elisabeth, An Essay on Combustion  with a View to a New Art of Dying and Paintingen Google Books.

Artículo en la web Heurema:  Solá de los Santos, Jaime; Hernández Pérez, José Luis; Fernández Cruz, Ricardo, “Elizabeth Fulhame; la química invisible” (con algunos de sus experimentos traducidos). 

Capítulo de libro en PDF:  Laidler, Keith J. y  Cornish-Bowden, Athel (1997) “Elizabeth Fulhame and the Discovery of Catalysis: 100 Years before Buchner, pp. 123-126, en New Beer in an Old Bottle: Edward Buchner and the Growth of Biochemical Knowledge  (ed. A. Cornish-Bowden), Universitat de València, Valencia.

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